20 de abril de 2014

No mienten más porque no tienen más tiempo

Lo ha desentrañado públicamente en su cuenta de Twitter el usuario con el alias Ferran D’Antequera (quien tiene además un excelente blog donde tritura, uno por uno, los timos del secesionismo con abundante e incontestable documentación histórica: Las Barras de Aragón); y Víctor, lector de Catalibanes, ha tenido la gentileza de enviarme por correo electrónico información y enlaces sobre el asunto: se trata de la última estafa, engañifa, falacia, trola, filfa, bribonada, vileza o adulteración separatista.

Versión con el falso colorido en los navíos que
protagonizan el bombardeo naval
La Generalidad de Cataluña y el Centro Cultural Blanquerna —lugar que acogerá el evento hasta finales de abril— anuncian en sus respectivos sitios web la exposición itinerante 1714. Memoria gráfica de una guerra, compuesta por cerca de 80 reproducciones de grabados y diversos textos explicativos, así como material audiovisual. Y que se encuadra en los actos conmemorativos del Tricentenario de la Guerra de Sucesión Española proyectados por el Ejecutivo catalán para mayor cultivo del odio y el victimismo (a esto va parte del dinero público de los recortes en sanidad y educación, y el adeudado por Artur Mas a los farmacéuticos de esta región desde hace meses).

Lo asombroso —y por algo nacionalismo e ignorancia caminan siempre de la mano— es que la propaganda de la exposición y del libro sobre la misma que la complementa (Memòria Gràfica del 1714), está ilustrada con el ataque al puerto de Barcelona de una flota en la cual ondea, roja y gualda, la bandera española. Cuando resulta que en 1714 nuestra enseña nacional ni siquiera existía aún con esos colores y franjas.

No fue hasta tiempos de Carlos III (1759-1788) que dicho monarca, mediante la promulgación del Real Decreto de 28 de mayo de 1785, adoptó el diseño actual tras una elección entre los doce bocetos presentados al concurso público que a tal efecto se convocó:
«Para evitar los inconvenientes, y perjuicios, que ha hecho ver la experiencia puede ocasionar la Bandera nacional, de que usa mi Armada naval, y demas Embarcaciones Españolas, equivocándose á largas distancias, ó con vientos calmosos con las de otras Naciones; he resuelto, que en adelante usen mis Buques de guerra de Bandera dividida á lo largo en tres listas, de las que la alta, y la baxa sean encarnadas, y del ancho cada una de la quarta parte del total, y la de en medio amarilla, colocándose en esta el Escudo de mis Reales Armas reducido á los dos quarteles de Castilla, y Leon con la Corona Real encima; y el Gallardete con las mismas tres listas, y el Escudo á lo largo, sobre quadrado amarillo en la parte superior: Y de las demas Embarcaciones usen, sin Escudo, los mismos colores, debiendo ser la lista de en medio amarilla, y del ancho de la tercera parte de la Bandera, y cada una de las restantes partes dividida en dos listas iguales encarnada, y amarilla alternativamente, todo con arreglo al adjunto diseño. No podrá usarse de otros pavellones en los Mares del Norte por lo respectivo á Europa hasta el paralelo de Tenerife en el Océano, y en el Mediterraneo desde primero del año de mil setecientos ochenta y seis: en la América Septentrional desde principio de Julio siguiente; y en los demas Mares desde primero del año de mil setecientos ochenta y siete. Tendréislo entendido para su cumplimiento».
Pero es que además de en esos dos sitios señalados por Ferran D'Antequera, la misma burda manipulación aparece también en Barcelona 1714. Els gravats de la guerra de Successió (‘Barcelona 1714. Los grabados de la Guerra de Sucesión’), libro coeditado en 2013 por el Ayuntamiento de Barcelona, que rige el alcalde Xavier Trias, de Convergència i Unió.

Grabado original, en blanco y negro y unas medidas
de 34 x 51,5 cm; a la derecha, puede observarse
la fortificación de la Ciudadela
La lámina original es en blanco y negro, data de 1750 y fue realizada en París, por el retratista Pierre-Alexandre Aveline (1702-1760) y el estampador Jacques Chéreau (1688-1776).

El libro publicado en 1995 con el título Historia de Barcelona, de Josep L. Roig, contiene una reproducción más verosímil, por cuanto los pabellones de los buques han sido pintados con los colores de la bandera de Holanda y, efectivamente, hubo un ataque naval anglo-holandés a Barcelona en el marco de la Guerra de Sucesión. Ocurrió en 1705, cuando la oligarquía catalana todavía no había traicionado su juramento de lealtad al rey Felipe V y la Ciudad Condal luchaba en el bando borbónico. Mas la trayectoria de Aveline sugiere que ese aguafuerte no reproduce en realidad una batalla de dicha contienda, ni ningún otro episodio histórico en concreto. Y que, simplemente, el artista francés tendía a añadir escenas bélicas en algunas de sus creaciones como mero ornamento. La inclusión de la Ciudadela en el paisaje barcelonés, un fortín cuya construcción no concluyó hasta 1718, cuatro años después del fin del enfrentamiento sucesorio por el trono de España, otorgaría consistencia a esta tesis.

Lo que desde luego no pudo representar es una bandera todavía inexistente.

15 de abril de 2014

El humor en los tiempos de la cólera

En marzo pasado, el periodista y escritor Sergio Fidalgo inauguró su serie de colaboraciones en el diario Crónica Global con un hilarante artículo titulado «Golpe de estado, versión ANC». Fue a los pocos días de conocerse públicamente la insurreccional «hoja de ruta» hacia la independencia (Full de Ruta 2014) que está elaborando la Asamblea Nacional Catalana (ANC), sección de asalto de la Generalidad y auténtico Gobierno en la sombra del binomio Mas-Junqueras durante este proceso secesionista. Dicho plan incluiría acciones simultáneas con la proclamación de la República Catalana, como la toma de centros de control, comunicaciones e infraestructuras (puertos, aeropuertos, fronteras, etc.), que son propias de todo manual golpista.


Carme Forcadell, en plan pantocrátor, discursando en un acto de
la Asamblea Nacional Catalana celebrado en marzo de 2013
La prosa de Fidalgo parodia magníficamente los tics tradicionales del movimiento separatista en una pieza que comienza y acaba resultando delirante, disparatada. No parece aconsejable, y menos en esta época tan escasa de oportunidades así, desaprovechar la ocasión de echar unas risas con su lectura:
«Están reunidos en la Tasca L'Estelada del Tiu Poca Broma el comando L'Alguer de la ANC para tomar una decisión: cómo contribuir a la toma del poder por parte del pueblo soberano catalán y conseguir un porcentaje a la búlgara en el presuntamente victorioso referéndum sí-sí per collons que prepara Artur ‘Braveheart’ Mas. Preocupados por al aumento de la desafección en su pequeña ciudad de la Cataluña interior, comprobada tras el fracaso de la venta de chapas ‘Jordi Cañas must be dead’, de la que no se pudo colocar el 99% de la producción de 5.000 piezas encargadas al empresario del bazar-imprenta-restaurante chino de la localidad, han decidido pasar a la acción.
»El aguerrido grupo de patriotas, integrado por Joan Josep Rodrigues Llopis (alias Comandant Roger de Llúria), Anna Junqueras Herrera (prima lejana de ambos mandatarios políticos y aquejada de continuos ataques de esquizofrenia), Marc Tree Addams (primo lejano del simpático escritor inglés reconvertido al soberanismo), Joan Bofarull Puigdemont (adicto a la ratafía y a ‘La Riera’ [1] de TV3) y ‘Walking dead’ Colomé (conocido así tras estamparse con su furgoneta tipo Equipo A decorada con la estelada contra un tráiler de la empresa Sangría El Toro Español y salir ileso), tras documentarse con los estudios elaborados por la ANC, el Consell Assessor per a la Transició Nacional, el departamento de programas de CDC, el Grup d'Empresaris que s'ho emporten cru [2] y las Seleccions del Reader's Digest, han elaborado un sofisticado plan para garantizar el apoyo total de sus convecinos al justo (y necesario) proceso de secesión de Cataluña.
»Las medidas que tomaron, tras ingerir una docena de anchoas (de L'Escala), ocho botellines de cerveza (artesana y catalana), seis botellas de cola catalana, tres raciones de secallona [3] de Vic y cuatro bocadillos de queso de Montserrat, han sido anotadas en este documento, de la que ha llegado a nuestras manos la versión castellana escrita por Joan Josep Rodrigues Llopis (‘el franquismo me impidió escolarizarme en catalán y todavía no lo domino para escribir’):
»“1. Publicitar un falso acto mitin de Ciutadans en el Centre Cultural Pilar Rahola de la localidad con la presencia de Albert Rivera, Xavier Nart y Juan Carlos Girauta. Cuando la sala esté llena, se procederá a levantar una valla electrificada alrededor del equipamiento para evitar que puedan escaparse. Serán alimentados a base de tranchetes y rebanadas de pan de molde hasta que el referéndum se haya celebrado, con el correspondiente 99,9% de votos favorables a la causa verdadera.
»2. Se volará el repetidor de la zona, y se instalará uno nuevo que solo permita sintonizar TV3, Td8, Canal Punt Avui, Tele Taxi TV, la televisión bolivariana y la emisora local, que emitirá las veinticuatro horas reportajes sobre la vida y milagros de Macià, Companys y Joel Joan.
»3. 3. Se organizará un ciclo de conferencias sobre la tolerancia y la comprensión del nacionalismo catalán ante las culturas (presuntamente) inferiores a cargo de Marta Ferrusola, Toni Albà, Anna Tarrés, Miquel Calçada y el espíritu de Heribert Barrera, que será convocado por la médium soberanista Mireia Cas i Palau.
»4. Se repartirán a todos los ciudadanos afectos a la causa verdadera copias del ‘DNI català’, tras aprobar un examen consistente en recitar la lista de todos los patriotas injustamente encausados por la justicia fascista y franquista española por el ‘caso ITV’, el ‘caso Turismo’, ‘el caso Casinos’, el ‘caso Pallerols’, el ‘caso Palau’, el ‘caso del Winston andorrano de contrabando’, el ‘caso Banca Catalana’ y el asesinato de John Fitzgerald Kennedy.
»5. En los cinco puntos de venta de prensa diaria de la localidad se garantizará que solo llega el Ara, El Punt Avui y la página de La Vanguardia en la que escribe Pilar Rahola. El Mundo Deportivo llegará los días pares y los impares el National Enquirer.
»Si tras llevar a cabo estas cinco acciones persiste la desafección ciudadana a la verdadera causa, se procederá a tomar la estación de autobuses, el carrito de los helados, el puesto de barcas del estanque Francesc Candel y el apeadero de los Ferrocarrils de la Generalitat para garantizar el control de los puntos estratégicos de la localidad y ponerlos al servicio de la autoridad que la ANC designe. Así los colonos sabrán que vamos en serio”.
»xxxxxxxxxxxx, villa adherida a la Associació de Municipis per Trincar, a 23 de marzo del año I (de la victoria)».
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1. Telenovela de producción propia, que la televisión autonómica catalana viene emitiendo por las tardes desde enero de 2010.
2. Del catalán: ‘Grupo de Empresarios que se lo llevan crudo’.
3. Embutido autóctono, similar a la longaniza.

1 de abril de 2014

¡Falta diálogo!

Cada día más voces claman a Mariano Rajoy que se siente a hablar con Artur Mas para encontrar cuanto antes una salida a su desafío secesionista. Nada de hacer cumplir las leyes, no, que eso es cosa fea y antidemocrática, propia tan solo de regímenes fascistas tan execrables como poco occidentalizados. Lo que urge es premiar a quien se ha sublevado contra el orden constitucional otorgándole categoría de honorable interlocutor y atendiendo sus exigencias.

Ni que decir hay que en el lenguaje de esa caterva de vendepatrias, separatistas encubiertos y algún que otro memo bienintencionado, el verbo dialogar significa indefectiblemente negociar. Y que por negociación entienden darle a la Generalidad todavía más privilegios de los que ya goza tras casi 40 años de mimosas concesiones (con el consiguiente menoscabo para el resto de Comunidades autónomas, claro está). ¿Y qué ofrecería Artur Mas a cambio? Pues deponer su actitud golpista.

Diálogo, y muy fructífero, es por ejemplo el que entablan el quinqui y su víctima. Un proceso por el cual esta acuerda aligerarse la cartera a condición de que aquel negocie no guardarle la hoja de su navaja en el quinto espacio intercostal. Pero todo muy dialogado y pactado, eso sí.

¿Y a cuánto ascendería el precio? Desde su agujero, la escritora argentina travestida de ultranacionalista catalana Patrícia Gabancho nos envía unas valiosas pistas dentro de un artículo titulado «Un almuerzo cualquiera»:
«Para comenzar, deberían poner sobre la mesa el concierto fiscal, la no aplicación de la Ley Wert, el blindaje de competencias (en la actualidad hay que añadir: ¡y del Ebro!), la restitución de la lengua en los Países Catalanes e intocable en Cataluña, y un pacto generoso de infraestructuras».

Tuit de Ramon Carner, presidente de la organización
separatista Círculo Catalán de Negocios (CCN), en la
víspera del sepelio del ex presidente Adolfo Suárez:
«La muerte de Suarez [sic] sólo indica que tenemos
un enemigo menos. Todavía quedan muchos en
nuestras instituciones. ¡Tenemos trabajo!»
Eso supondría una situación incluso mejor que la independencia misma, pues conlleva todas sus ventajas y ninguno de sus inconvenientes (quedar fuera de la Unión Europea y del euro, bajo el rigor de las políticas arancelarias y sin acceso a los mercados financieros ni respaldo del Banco Central Europeo, entre ellos). Algo así como ser un Estado situado bajo el paraguas de otro. Concierto fiscal, o sea: lo mío es mío y lo tuyo, también es mío. No aporto nada pero tu sigues sufragando gran parte de mis gastos. Y además me montas unas infraestructuras de aúpa. Yo seguiré beneficiándome de tu ejército, de tu vasta red diplomática por el mundo, y de cuantos otros servicios a mí me resultaría muy oneroso cubrir... así como, por supuesto, de todos aquellos tratados internacionales que firmaste. ¿La Constituqué? No, no, ni hablar de aplicar leyes que no sean las estrictamente emanadas de las instituciones nacionalistas catalanas. Ni sentencias judiciales que nos incomoden: blin-da-je de competencias. Un chollo, oigan.

Y lo de “blindar el Ebro” que dice esta, río nacido en Cantabria, de donde fluye a Castilla y León, para luego seguir, atravesando La Rioja, tierras de Álava, Navarra y Aragón, hasta que su caudal termina fundiéndose con el antaño llamado Mare Nostrum (‘Nuestro mar’) en un tramo del litoral de Tarragona, ya es de traca. Pero es que hacia ahí apuntan realmente las pretensiones de estos chantajistas, no es política ficción.

¿Y así se resolvería para siempre el problema? Pues tampoco. Ya lo avisa abiertamente y sin tapujos en otro pasaje de su pieza periodística (Nació Digital, 02-03-2014) esta catalana sobrevenida, aprovechando un momentito en que no estaba contando los 6.000 euros que el Ayuntamiento de Barcelona —regido por CiU— le pagó no hace mucho por entregar un par de informes: la claudicación de Mariano Rajoy ante la extorsión apenas retrasaría unos años la ruptura de España.

Sería pagar, y carísimamente, la prolongación de nuestra agonía. De hecho, así ha venido siendo hasta hoy: también se nos vendió durante la Transición que la fórmula autonómica colmaría definitivamente las ansias del nacionalismo. Y con ese mismo pretexto envolvieron todos los Gobiernos cada nueva transferencia y concesión que se le daba a Jordi Pujol. Y a Pasqual Maragall. Y fue ese también el canto entonado en 2006 para reformar el Estatuto de Cataluña. Y para seguir dándole más y más a Montilla. E incluso al propio Artur. Ahora vemos con qué resultados. Nunca nada será suficiente para ellos debido a una sencilla razón: porque sus objetivos no son otros que proclamar la secesión y anexionarse otros territorios («reunificación de la nación catalana»). Repitámoslo: no pararán hasta culminar su proyecto secesionista e imperialista. Hora es ya de que lo comprendamos.

Negociar con los sediciosos es, a todas luces, la más indigna, costosa, injusta... e ineficaz de todas las opciones posibles. Por eso es la que seguramente adoptarán, este presidente del Gobierno y el siguiente.

10 de marzo de 2014

Arthur More

Que a la Generalidad la «internacionalización del conflicto» (expresión copiada del lenguaje de ETA) no le está saliendo como esperaba es algo estruendosamente notorio, por mucho que se esfuercen en disfrazarlo. La mayoría de los líderes europeos han ignorado la misiva enviada el pasado diciembre donde, en un inglés de menú de chiringuito de playa para guiris, el mandamás de la taifa catalana les pedía colaboración en el golpe de Estado que planea dar. Angela Merkel y David Cameron evitaron pronunciarse, mientras que François Hollande se desentendió a través de un portavoz de la embajada francesa en Madrid (no obstante, el fin último de la carta en realidad no era otro que el de incomodar a Rajoy ante sus homólogos para forzarle a negociar).

Apenas uno de los principales dirigentes, Durão Barroso, exhibió la cortesía de despacharle una respuesta. Y fue muy concisa, de tan solo tres párrafos, con los cuales el presidente de la Comisión Europea (CE) aludió al carácter interno del asunto y recordaba contundentemente a Mas las consecuencias que la legislación comunitaria prevé para los territorios secesionados de un Estado miembro de la UE.


Ante el rechazo de los mandatarios rusos, que
declinaron recibirle, Artur Mas se conformó
con fotografiarse a lo Doctor Zhivago en la
Plaza Roja de Moscú y regresó
Tremendo escozor ha provocado otro reciente —y poco divulgado— capítulo del patético periplo internacional: los escoceses, que ya habían rechazado jugar contra la selección catalana de fútbol el pasado 30 de diciembre (lugar que finalmente fue ocupado por una representación de Cabo Verde), se han negado también a disputar un partido en 2014. Buscaban los estelados presentar ese enfrentamiento deportivo como un festivo preludio de sus respectivos referéndums separatistas: el de Escocia, y el ilegalmente convocado aquí para el 9 de noviembre por CiU. Pero los paisanos de William Wallace han culminado su desprecio argumentando que dicho encuentro no aportaría nada al currículum de su selección porque Cataluña no es miembro de la FIFA ni de la UEFA.

Este 2 de marzo, el periódico portugués Público sacó un artículo muy gráficamente titulado «Mitos tóxicos del nacionalismo catalán», donde se demuestra lo bien que ya han calado a esta gente por ahí fuera.

La pieza periodística arranca con el evento recientemente organizado por la incipiente diplomacia catalana (Diplocat) en la Facultad de Derecho de la Universidad de Lisboa y que el autor, Jorge Almeida Fernandes, define como un nuevo acto de «propaganda» en «la batalla por la opinión pública». El Consejero de la Generalidad Francesc Homs, junto con Francesc Vendrell, ex miembro del cuerpo diplomático de la ONU y venturoso poseedor de la Cruz de Sant Jordi, se empeñaron en explicar a los lusos su proceso rupturista, así como los supuestos «derechos históricos» que les asisten.

Almeida Fernandes alerta sobre la utilización que de la fecha del 11 de septiembre, «día místico», realizará el Ejecutivo autonómico para plantear un pulso al Gobierno mediante una gran movilización en la Diada, dentro de «un clima de máxima exaltación nacional». Y subraya «el intento de “reinvención de la historia” por el nacionalismo catalán»:
«Hay dos cuestiones fundamentales. La primera es una alucinación: la idea de que Cataluña fue un Estado soberano durante 700 años. Para ello borra la existencia del Reino de Aragón, del cual Cataluña formaba parte. La Corona de Aragón se transmuta en “Corona Catalano-aragonesa”».
Y prosigue:
«La segunda es la tesis de los “300 años de expolio” de España a Cataluña desde 1714, expolio que todavía hoy continúa. Lo que los nacionalistas no explican es por qué, en estos 300 años, Cataluña se ha convertido en la región más rica y dinámica de España».
Entre las múltiples iniciativas separatistas planteadas —que van desde una marcha por 52 municipios que fueron escenario de la Guerra de Sucesión, hasta el lanzamiento de un videojuego infantil—, el artículo menciona el simposio España contra Cataluña, celebrado por la Generalidad en noviembre:
«Decenas de historiadores criticaron el simposio. Ricardo Garcia Cárcel, de la Universidad Autónoma de Barcelona y experto en los siglos XVII y XVIII, denunció el título —“históricamente indefendible, absurdo y poco científico”— y la manipulación nacionalista “impulsada por pseudohistoriadores que montan un discurso al servicio de una causa”.
»El británico John Elliott, historiador de Cataluña y del Imperio español, resume: “Es un disparate”. Y añadió: “Una sociedad necesita de sus mitos, pero esos mitos condicionan y entorpecen la auténtica investigación hasta el punto de que un pueblo se encierra en sí mismo y adopta una postura victimista, culpando a los demás de sus desgracias”».
Tras lo cual, trae a la memoria el lamentable episodio relatado por este en una entrevista:
«Los jóvenes catalanes aprenden una Historia falsa. Quedé sorprendió al encontrarme, en una universidad catalana, con un joven estudiante de Historia convencido de que la Guerra Civil [1936-1939] había sido un conflicto entre España y Cataluña».
Por su parte, el sociólogo Enrique Gil Calvo, de la Universidad Complutense de Madrid, se pregunta cómo es posible que «el pueblo más culto, moderno e ilustrado de la Península Ibérica» haya experimentado una «irracional regresión» hacia «un nacionalismo étnico, victimista y antiespañol». Y califica las causas como «enigmas culturales perturbadores».

El lúcido analista del diario lisboeta concluye:
«La victimización produce nacionalismos infelices que inventan un enemigo para poder sobrevivir».

5 de marzo de 2014

Vengan de donde vengan

¿Quién a estas alturas no conoce a Santiago Espot, quién? El autor de los chillidos más furibundos proferidos en un plató, para un contertulio que osó cuestionar la mitificada figura del ex presidente Companys. Casi tres años y medio después, el explosivo fragmento de aquel debate televisivo («Calli! Calliiii!») sigue atrayendo con fuerza a los degustadores de extravagancias en Internet.

Si viviésemos en la época de fray Tomás de Torquemada, ejercería de entusiasta alguacil inquisitorial. Si en la Francia revolucionaria, sería el mismísimo Robespierre. Por su fanatismo y cerrilidad, Santiago Espot encarna como nadie la clase de individuos que dan nombre a este blog. Ante la nutrida audiencia del programa del Canal Català donde participaba, se jactó de haber cursado —tan solo en el año 2009 y a través de su organización, Catalunya Acció— la friolera de 3.000 denuncias lingüísticas contra comerciantes y empresarios. Sin importarle los estragos económicos que en sus víctimas estaba causando ya esta terrible crisis.

Por mis peores pecados —de esos que son rojos «como la grana», según se describe en Isaías 1:18—, jornadas atrás me impuse a mí mismo la penitente lectura de un nuevo artículo suyo, el titulado: Ganarse el voto (Guanyar-se el vot).


Artículo, publicado el 09-02-2014
Y deshonesto sería no admitir que me gustó. O negar las grandes dosis de razón que contenía.

Independientemente de la calaña del personaje y de sus obras —deplorables hasta donde conozco—, lo cierto es que ese en concreto, era un buen artículo. He procedido a traducirlo del catalán. Es una lástima no encontrar reflexiones así más a menudo, vengan de donde vengan:
«Hace unos días estaba en Basilea por motivos laborales y tuve ocasión de hablar de política con un compañero suizo de profesión. Además de constatar que estaba bien informado sobre el clima independentista que vivimos en Cataluña, también sirvió la conversación para hacerme ver, una vez más, que todavía estamos en pañales en cuestiones democráticas.
»Digo esto porque una de las primeras cosas que me contó respecto a su país es que allí, el voto, cuesta mucho de ganar para cualquier candidato. Su afirmación provenía del hecho de que los ciudadanos tenían el firme y verídico convencimiento de que eran los propietarios del país, y los políticos sus trabajadores. Quizás a algunos catalanes puede parecerles un planteamiento simplista y un poco arrogante. Lo normal después de vivir tantas décadas bajo regímenes totalitarios o pseudodemocráticos tutelados por borbones degenerados, corruptos y necios. Aquí, por los gobernantes, o bien tenemos una especie de reverencia provinciana o bien hay quien mira como puede aprovecharlos en beneficio propio. En ningún momento los consideramos como nuestros servidores y garantes de unas libertades. Fijémonos si no en lo poco habitual que es entre nosotros dirigirnos solos a un político en plena calle y pedirle explicaciones sobre aquello que nos preocupa o estamos en desacuerdo. Generalmente lo hacemos en el marco de una manifestación o concentración con decenas, cientos o miles de conciudadanos. Claro, entonces se convierte en un problema de orden público y la policía impide cualquier discusión porque significamos una amenaza, según ellos.
»Si en Suiza cuesta ganarse el voto es porque el ciudadano sabe que su papeleta tiene la capacidad de regenerar o cambiar las cosas. Se lo garantiza y lo promociona el mismo sistema de democracia directa y participativa del que se han dotado. Por esta razón el político debe ganarse la confianza del ciudadano cada día y en todo momento. Nadie puede camuflar su mediocridad e inoperancia detrás de unas listas cerradas o las estructuras monolíticas de partido.
»En Cataluña, excepto el líder, prácticamente nadie más debe dar explicaciones de nada. Todo es opacidad y que las cosas pasen cuanto más desapercibidas mejor. Así, por ejemplo, los ciudadanos de una capital de primer orden como es Barcelona no conocen, más allá del alcalde, quién conforma el gobierno municipal. Son llamados a las urnas para elegir una papeleta con una relación de personas de las cuales no saben ni en qué barrio viven. La distancia entre elector y elegido es tan grande que anula cualquier posibilidad de que el ciudadano se sienta auténticamente representado.
»De todo ello no podemos echarle la culpa a España. A pesar de los escasos y mejorables mecanismos de representación política que tenemos, lo cierto es que ni se ha querido elaborar una ley electoral propia que supere la deplorable actual que tenemos ni se ha querido acabar tampoco con los tics caciquiles que a menudo caracterizan muchas de las actitudes de parte de los partidos actuales. Aquí el voto, salvo a los cabezas de lista (y ni a ellos en algunos casos), sale gratis. El único esfuerzo que debe hacer el elegido es de puertas adentro del partido. Situarse bien, conspirar contra los rivales internos y ser buen chico con quien confecciona la lista son los únicos méritos necesarios para ser elegido. La perversidad y la nula excelencia del sistema han hecho que se haya promocionado a auténticas calamidades. Así nos va...».

13 de febrero de 2014

Histerismo en el oasis

Anteayer, martes, unos sesenta empresarios alemanes radicados en Cataluña emitieron un manifiesto donde alertan sobre las graves consecuencias económicas de una posible secesión (Declaración de Barcelona). Los firmantes se han constituido en la plataforma ¿Cataluña sin Europa? ¡No!, y entre ellos se encuentran directivos de renombradas multinacionales, como BASF y la siderúrgica ThyssenKrupp. Cataluña cuenta con más del 45 % de las empresas de Alemania con sede en España.

Las respuestas ante tan mayúscula “afrenta” no se hicieron esperar. Esa tarde Isabel Vallet, diputada autonómica de la Candidatura d'Unitat Popular (CUP), partido que podríamos definir como catasuno, usó las instalaciones del Parlamento regional para rebatir de forma sesuda y razonada ante la prensa tales advertencias:
«Nos la trae floja lo que digan los alemanes».
Aunque han sido los chicos de ERC, socios de gobierno de Artur Mas en la actualidad, quienes han protagonizado las reacciones más comentadas. El diputado Joan Tardà, que aquella misma mañana se había hartado de invocar los conceptos «democracia», «pueblo» y «votación» en el programa Los desayunos de TVE, lanzaba un injuriante mensaje desde su cuenta en Twitter:
«Penoso que directivos de empresas alemanas, enriquecidas gracias al nazismo y cómplices de millones de asesinatos, critiquen al nacionalismo catalán».

BASF, que posee una importante planta petroquímica
en Tarragona, se ha desvinculado del manifiesto y del
debate político en Cataluña comunicando hace apenas
unas horas que su directivo actuó a titulo personal
Su compañero de formación política Josep Huguet no le ha ido a la zaga. Por algo apodado como el Lenin del Bages (su comarca de origen), de él se recuerdan sus briosos intentos de prohibir la venta de figuritas de flamenca e imaginería taurina en las tiendas barcelonesas de souvenirs cuando fue Consejero de Comercio, Turismo y Consumo de la Generalidad —para erradicar de los turistas «la impresión de que están en España», argumentaba el fulano—. Ahora, no ha dudado en comparar a esa sesentena de directivos con la temible Legión Cóndor, enviada por Hitler en la Guerra Civil y responsable del bombardeo aéreo de diversas poblaciones españolas.

La moraleja es clara: los separatistas respetan la libertad de expresión... mientras se opine igual que ellos.

Estas reacciones, del todo histéricas e impropias de quienes luego se hacen las víctimas cuando alguien halla semejanzas entre sus métodos y los del ominoso Tercer Reich, no concuerdan con la sensación de seguridad y triunfo que el movimiento secesionista está constantemente esforzándose en transmitir. Ni parecen tampoco la más inteligente manera para recomponer el tejido industrial de la maltrecha economía catalana (con 820.400 desempleados, el 22,26 % de la población activa). Sobre lo de recabar la complicidad de otros países y sumar adhesiones a su causa dentro de esa estrategia que, en lenguaje netamente etarra, llaman internacionalización del conflicto ya mejor ni hablar.

Y es que muy espabilados nunca han sido, la verdad.

22 de enero de 2014

Carmen de España

Por mucho que ella lo niegue, Carme Forcadell es española. Y doblemente: primero, porque nació en la tarraconense villa de Cherta; pero además porque preside la Asamblea Nacional Catalana (ANC), organización dedicada a promover algo tan nuestro como es el cainismo.

A ella le debemos el montaje de los más sonados aquelarres separatistas de los últimos tiempos, teñidos con tintes épicos y magnificados hasta el paroxismo por la maquinaria de propaganda de la Generalidad: la cadena humana de la Diada, el 11 de septiembre de 2013 (mal llamada Vía Catalana, pues no representaba a Cataluña ni a los catalanes); en la misma fecha del año anterior, la Marcha sobre Barcelona (nombre que evoca la célebre Marcha sobre Roma de Benito Mussolini); y —juntamente con Òmnium Cultural y otras entidades subvencionadas— la macroconcentración de este verano en el estadio del Barça, bautizada como Concierto por la Libertad.


Josep Maria Vila d'Abadal y Carme Forcadell,
dando una rueda de prensa conjunta
Desde mayo de 2012, la ANC mantiene un acuerdo de colaboración con la Asociación de Municipios por la Independencia (AMI), otra porción de eso que el Régimen denomina con cinismo societat civil. Su presidente y fundador, Josep Maria Vila d’Abadal, ha hecho dos grandes servicios a la Humanidad: anunciarnos la buena nueva de que Nuestro Señor Jesucristo «sería claramente independentista» (Nació Digital, 11-05-2011) y llevar años negándoles un homenaje a las víctimas del atentado contra la casa-cuartel de Vic (10 muertos y 44 heridos), localidad que regenta como alcalde. Muy recientemente, el 18 de noviembre de 2013, Vila d’Abadal ha levantado generalizada indignación al reclamar al Ministerio del Interior los 180.000 euros con que su Ayuntamiento compró los ataúdes para los asesinados por el coche-bomba de ETA aquel día de 1991.

Pero volvamos a Carme: cuando sus importantísimas ocupaciones profesionales se lo permiten, pocas cosas le gustan más que encaramarse a un micrófono para señalar al prójimo y conceder certificados de catalanidad; como hizo en un mitin en Barcelona, el pasado 26 de mayo:
«Nuestro adversario es el Estado español, hemos de tenerlo muy claro. Y los partidos españoles que hay en Cataluña, como Ciudadanos y el Partido Popular, que no debería llamarse Partido Popular “de” Cataluña, sino Partido Popular “en” Cataluña. Por lo tanto, estos son nuestros adversarios. El resto, somos el pueblo catalán; y el resto somos quienes conseguiremos la independencia».
Meses después, Forcadell amplió su catálogo y ahora expide carnés de demócrata también. Esto es lo que el 27 de diciembre del año que se nos acaba de ir escribía en su cuenta de la red social Facebook:
«El presidente del Gobierno español ha dicho que trabajará para que no podamos celebrar la consulta, nosotros los demócratas trabajaremos para que todos podamos votar, porque no hay nada más democrático que unas votaciones y somos independentistas porque somos demócratas».
Como ya informaba la anterior crónica de este blog —Mentirosos compulsivos—, el movimiento separatista despidió el 2013 difundiendo un fotomontaje (en formato JPG) de una falsa sentencia del Tribunal Internacional de Justicia sobre la declaración unilateral de independencia de Kosovo, con un texto apócrifo que avalaría las tesis del secesionismo catalán, y que corrió como la pólvora por toda Internet (en apenas dos días, entre el 17 y el 19 de diciembre, el número de usuarios de Facebook que lo compartieron en sus muros desde el grupo Jo dic sí a la independència, por ejemplo, creció de 130 a 1.200: casi un 1.000 %).

Incluso Pilar Rahola a través de la televisión, y el lánguido presentador de TV3 Jaume Barberà por la radio, personajes ambos que en ninguna entrevista que se les realiza desaprovechan la ocasión para presumir de ser periodistas rigurosos, dieron solemne lectura al embuste como si de algo verídico se tratase (su impostura quedó magistralmente retratada en dos reportajes de Marcus Pucnik, Así construye sus bulos el nacionalismo y “La Haya, La Haya, La Haya” —divertidísima, en este, la parte sobre el abogado chungo «de Huelva» invocado por Barberà—, y también en el artículo Albert Rivera, Pilar Rahola y Kosovo, de Sonia Sierra). Resulta difícil creer que todo fuese fruto de un error, pues la opinión consultiva —que no sentencia— de la Corte de La Haya salió hace hoy tres años y medio, el 22 de julio de 2010. Y mucho, y en muchos medios, ha sido públicamente analizada por reconocidos expertos en la materia.

Carme Forcadell figura entre quienes propagaron tal infundio. El 16 de diciembre de 2013, lo colgó en su blog personal bajo el grandilocuente título de: La democracia prevalece sobre la legalidad. A los cuatro días, el 20, cuando el asunto había saltado por los aires gracias a la pericia de las múltiples y versadas voces que detectaron el engaño, Carme corrió a borrarlo. Pero lejos de pedir disculpas —o callarse, sin más—, lo sustituyó (en la misma página, con la misma fecha e igual dirección URL) por el siguiente comunicado:
«A partir de ahora las mentiras, difamaciones y tergiversaciones sobre la Asamblea Nacional Catalana irán en aumento, pero nosotros debemos mantener la calma y la serenidad.
No podemos perder el tiempo contestando a informaciones falsas, elaboradas con la intención de provocarnos y distraernos de nuestro objetivo. Todos nuestros recursos y energías a convencer a los indecisos, a hacer que los demócratas dispuestos a votar sí a la primera pregunta voten también sí a la segunda. Este es el único objetivo que debe movernos.
No contestaremos a provocaciones, ni perderemos nuestro tiempo desmintiendo falsedades.
Nosotros trabajamos por el sí a la democracia y por el sí a la independencia.
Sí y Sí».
¡Sí y sí, hemos leído bien! Con qué asombrosa capacidad le da la vuelta a la situación simulando sufrir algún tipo de maligna campaña de desprestigio y presentándose encima como víctima, cuando no había habido aquí otras «mentiras», «tergiversaciones» ni «informaciones falsas»... que las contenidas en el bodrio que ella misma colaboró en esparcir.

Son los nuevos “demócratas”. Vayamos acostumbrándonos.

18 de diciembre de 2013

Mentirosos compulsivos

Ha puesto en circulación la secta una sentencia judicial falsificada, que está alcanzando rápida difusión a través de Internet. La burda manipulación, advertida por varios usuarios de las redes sociales ―uno de ellos, Rafael Arenas, Catedrático de Derecho Internacional Privado de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro del colectivo Puerta de Brandemburgo―, brinda una nueva ocasión de sondar la impúdica capacidad de engaño del movimiento separatista:
«Sentencia del 22.07.10 del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya: declaramos que no existe en Derecho Internacional ninguna norma que prohíba las declaraciones unilaterales de independencia. Declaramos que cuando haya contradicción entre la legalidad constitucional de un Estado y la voluntad democrática, prevalece esta segunda, y declaramos que en una sociedad democrática, a diferencia de una dictadura, no es la Ley la que determina la voluntad de los ciudadanos, sino que es esta la que crea y modifica cuando sea necesario, la legalidad vigente».
Otro de los incontables fraudes intelectuales
del nacionalismo catalán, el más reciente
Lo que, el día 22 de julio de 2010, emitió la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya, fue una opinión consultiva, a petición de la Asamblea General de las Naciones Unidas; sin carácter vinculante, y exclusivamente referida a un caso concreto: la declaración unilateral de independencia de Kosovo (Is the unilateral declaration of independence by the Provisional Institutions of Self-Government of Kosovo in accordance with international law?), territorio que desde el final de la guerra y de los bombardeos de la OTAN, en junio de 1999, había permanecído bajo administración provisional del Consejo de Seguridad de la ONU, en virtud de la resolución 1244. Y lo que verdaderamente pone en el citado dictamen ―en el punto número 84, para ser precisos― es esto:
«Por las razones anteriormente expuestas, la Corte considera que el Derecho Internacional general no contiene ninguna prohibición de las declaraciones de independencia aplicable».
Comenzamos por observar que de la palabra «unilaterales» no existe ni rastro en esa parte del documento original (y así, en plural, tampoco en otras), el cual añade:
«En consecuencia, llega a la conclusión de que la declaración de independencia de 17 de febrero de 2008 no violó el Derecho Internacional general».
Y los 39 puntos subsiguientes (hasta el total de 123 de que consta) desgranan diversos aspectos legales relativos a los términos de la resolución 1244. El Derecho Internacional no prohíbe las declaraciones de independencia. Ni las prohíbe ni las permite, por la sencilla razón de que no entran en su ámbito de regulación, como se explica en un apartado previo (punto 26):
«Algunos de los participantes en el presente procedimiento [miembros del tribunal] han sugerido que la cuestión planteada por la Asamblea General no es, en realidad, una cuestión jurídica. Según esta postura, el Derecho Internacional no regula el acto de realizar una declaración de independencia, que debe ser contemplado como un acto político; solo los ordenamientos constitucionales nacionales rigen esa clase de declaraciones, mientras que la competencia de la Corte para emitir opiniones consultivas se limita a asuntos de Derecho Internacional».
De manera que todo el texto que en el montaje elaborado por el Goebbels de turno va después del primer punto y seguido, entrecomillado también, como si de un fragmento literal se tratase, es una pura invención. Otro bulo secesionista más. Releamos el pegote:
«Declaramos que cuando haya contradicción entre la legalidad constitucional de un Estado y la voluntad democrática, prevalece esta segunda, y declaramos que en una sociedad democrática, a diferencia de una dictadura, no es la Ley la que determina la voluntad de los ciudadanos, sino que es esta la que crea y modifica cuando sea necesario, la legalidad vigente».
La bajeza de los métodos que utilizan, para confundir a los incautos y excitar ―todavía más― los ánimos, da idea, una espeluznante idea, de lo que nos esperaría en una Cataluña independiente, controlada y dirigida por estos individuos.